NADIE QUIERE SER INDÍGENA

El sistema que nos enseñó a rechazar nuestro propio origen

Tal vez una de las mayores mentiras de América Latina sea creer que solamente fueron conquistados nuestros territorios.

También fue conquistada nuestra identidad.

Durante siglos, el sistema nos enseñó que ser indígena significaba ser pobre, ignorante, sucio, atrasado, pequeño, oscuro y menos civilizado. La palabra indio dejó de utilizarse únicamente para nombrar un origen y se convirtió en un insulto.

Cuando alguien quiere humillar a otra persona, le dice:

“No sea indio”.

No está describiendo su procedencia. Está diciendo que es bruto, inculto, ordinario o inferior.

Así comienza la verdadera colonización: cuando una persona aprende a utilizar el nombre de sus propios antepasados como una ofensa.

Nos enseñaron a escapar de nuestro propio rostro

En América Latina, muchas personas no quieren parecer indígenas.

Se aclaran el cabello, utilizan lentes de contacto azules, modifican sus rasgos, cambian su manera de hablar y adoptan nombres que suenen más europeos. No siempre lo hacen conscientemente. Muchas veces simplemente están obedeciendo una jerarquía que aprendieron desde niños.

Cabello claro significa belleza.

Ojos azules significan superioridad.

Piel blanca significa riqueza, educación y poder.

Rostro indígena significa pobreza, trabajo doméstico, campo, atraso y exclusión.

Este fenómeno tiene una historia. Los discursos del mestizaje prometieron que las diferencias raciales desaparecerían al mezclarnos, pero frecuentemente ocultaron una aspiración de blanqueamiento: alejarse de lo indígena y de lo negro para aproximarse a la blancura valorada por las élites. Investigaciones latinoamericanas describen precisamente esa “huida” de lo indígena o afrodescendiente como una forma de ascenso simbólico dentro de una jerarquía racial.

No solamente queremos tener el dinero del poderoso.

Queremos tener su rostro.

El abuso no terminó con la conquista

Los pueblos indígenas no han sufrido únicamente por acontecimientos ocurridos hace quinientos años.

La colonización continúa mediante el despojo territorial, la explotación de recursos, la discriminación, la precariedad laboral, la exclusión educativa, la violencia y la destrucción de sus conocimientos y lenguas.

Las Naciones Unidas reconoce que las consecuencias de la colonización, la pérdida de tierras y recursos, la opresión y la discriminación siguen limitando la capacidad de los pueblos indígenas para controlar sus propios modos de vida.

En América Latina, la pobreza afecta aproximadamente al 43 % de la población indígena, más del doble de la proporción registrada entre personas no indígenas. Cerca del 24 % vive en pobreza extrema.

No es una coincidencia.

Es el resultado de un sistema que primero tomó sus territorios, después desvalorizó sus conocimientos y finalmente los culpó por las condiciones en las que fueron obligados a vivir.

También existe discriminación laboral. Las personas indígenas tienen una mayor probabilidad de terminar en empleos informales, agrícolas, precarios o no remunerados.

Incluso hablar una lengua originaria puede cerrar oportunidades en la educación, el trabajo, la atención médica y la vida social. Millones de personas que hablan lenguas distintas del español o del portugués viven esta exclusión lingüística diariamente.

El sistema les quitó oportunidades y después utilizó su pobreza como prueba de una supuesta inferioridad.

Los descendientes aprendieron a despreciar a sus antepasados

La parte más dolorosa es que el abuso ya no viene solamente de gobiernos, empresas o élites extranjeras.

También viene de nosotros.

Personas que probablemente llevan una profunda herencia indígena en su cuerpo se burlan del acento indígena, rechazan los apellidos originarios, desprecian a quienes venden en las calles y maltratan a quienes trabajan en sus casas.

Nos sentimos superiores a las mismas personas de las cuales provenimos.

Nos alejamos de ellas para demostrar que hemos ascendido.

Decimos que somos españoles, italianos, europeos o simplemente “blancos”, aunque nuestros rostros, nuestros alimentos, nuestras palabras, nuestra música, nuestras plantas medicinales y nuestra relación con el territorio estén llenos de memoria indígena.

Sin embargo, tener ascendencia indígena no convierte automáticamente a una persona en integrante de un pueblo indígena. La identidad también implica comunidad, historia, cultura, lengua, territorio y reconocimiento colectivo. Lo que sí podemos reconocer es que gran parte de América Latina fue construida intentando ocultar o degradar esa herencia.

La corrupción comienza en la negación

Aquí aparece una de las grandes contradicciones de nuestra sociedad.

Rechazamos lo indígena, pero vivimos sobre sus territorios.

Despreciamos sus conocimientos, pero utilizamos sus alimentos, plantas, nombres y símbolos.

Los llamamos atrasados, mientras destruimos los ríos, contaminamos la tierra y convertimos los bosques en mercancía.

Los consideramos ignorantes, aunque muchas comunidades conservaron durante siglos conocimientos complejos sobre agricultura, clima, plantas, agua, ciclos naturales y convivencia con el territorio.

Mientras la sociedad moderna presume de inteligencia por acumular objetos, muchos pueblos indígenas han entendido algo que nosotros hemos olvidado:

La Tierra no es una propiedad. Es una relación.

No todos los pueblos indígenas comparten una única cosmovisión, pero muchas de sus tradiciones comprenden al ser humano como parte inseparable de la naturaleza, y no como su dueño. Naciones Unidas los describe como herederos y practicantes de culturas con formas particulares de relacionarse con las personas y con el medioambiente.

Por eso negar nuestro vínculo indígena no es solamente negar una apariencia.

Es negar una forma distinta de comprender la existencia.

Pachamama no es una decoración espiritual

La Pachamama no debería convertirse en otra palabra bonita utilizada por personas que continúan explotando la tierra.

Madre Tierra significa que el suelo, el agua, los animales, las montañas y los seres humanos forman parte de una misma vida.

No significa romantizar a todos los pueblos indígenas ni afirmar que son seres perfectos. Dentro de las comunidades también pueden existir conflictos, desigualdad y violencia, como en cualquier sociedad humana.

Pero sus conocimientos cuestionan una idea central del sistema moderno: que la naturaleza solamente existe para producir riqueza.

Esa es precisamente la sabiduría que el sistema necesita destruir.

Porque una persona que se reconoce como parte de la Tierra no la vende con la misma facilidad.

Una persona que considera sagrado un río no acepta tranquilamente que sea envenenado.

Una comunidad que comprende el territorio como memoria colectiva no lo reduce a una escritura, una mina o una oportunidad comercial.

Por eso tantos líderes indígenas que defienden sus tierras han sido perseguidos, amenazados y asesinados. La defensa territorial continúa exponiendo a comunidades y dirigentes indígenas a violencia, desplazamiento y criminalización, especialmente en regiones atravesadas por minería, narcotráfico y explotación de recursos.

Nos hicieron creer que ser más blancos era ser más humanos

Cuanto más nos alejamos de nuestro origen, más creemos ascender.

Queremos hablar como europeos.

Vestir como europeos.

Vivir en Europa, Estados Unidos, Canadá o Dubái.

Queremos que nuestros hijos tengan cabello claro, ojos claros y apellidos que no revelen su procedencia.

Nos parece que así escapamos de la pobreza.

Pero tal vez no estamos ascendiendo.

Tal vez estamos huyendo.

Huyendo de la piel.

Huyendo de la tierra.

Huyendo del recuerdo.

Huyendo de una parte de nosotros que el sistema marcó como inferior para poder gobernarnos.

Porque una población que se avergüenza de su origen es fácil de controlar. Siempre estará intentando transformarse en otra cosa. Siempre comprará algo para sentirse aceptada. Siempre buscará la aprobación de quienes ocupan la parte superior de la jerarquía.

Tal vez lo indígena no era inferior

Tal vez hemos comprendido todo al revés.

Nos dijeron que el indígena era pobre porque poseía menos objetos.

Pero quizá su riqueza estaba en no sentirse separado de la vida.

Nos dijeron que era ignorante porque no tenía nuestros títulos.

Pero quizá conocía lenguajes de la tierra que nosotros ya no podemos escuchar.

Nos dijeron que era atrasado porque no perseguía nuestra idea de progreso.

Pero nuestro progreso ha producido contaminación, soledad, ansiedad, violencia y una humanidad aterrorizada por perder sus posesiones.

Tal vez tener más cosas no significa tener más conciencia.

Tal vez ser indígena —en su sentido más profundo— no significa pertenecer a una raza inferior, sino recordar que somos originarios de la Tierra y que nuestra vida depende de ella.

El verdadero regreso

No se trata de disfrazarnos con prendas indígenas, apropiarnos de ceremonias que no comprendemos ni declararnos miembros de una comunidad a la que no pertenecemos.

Se trata de dejar de utilizar lo indígena como insulto.

De respetar a los pueblos vivos, no solamente a las civilizaciones muertas.

De escuchar sus voces actuales.

De defender sus territorios.

De valorar sus lenguas y sus conocimientos.

De reconocer el racismo que llevamos dentro.

Y de preguntarnos por qué sentimos tanta necesidad de parecernos a quienes históricamente tuvieron el poder.

Tal vez el verdadero despertar de América Latina comience cuando dejemos de avergonzarnos de nuestros rostros.

Cuando comprendamos que la oscuridad de la piel no es oscuridad de la conciencia.

Que la pobreza impuesta no es falta de inteligencia.

Que hablar una lengua ancestral no es ignorancia.

Y que ser parte de la Tierra no nos hace menos humanos.

Nos devuelve precisamente aquello que habíamos perdido:

Nuestra humanidad.

Una invitación a explorar

Las ideas presentadas en este artículo combinan conceptos matemáticos con una reflexión filosófica sobre los patrones, la creación y la conciencia. Su propósito es invitar al lector a explorar nuevas perspectivas y formular sus propias preguntas.

📖 Si disfrutas este tipo de reflexiones, continúa el viaje en El Retorno al Origen.

🛍️ Consigue el libro en la tienda oficial:

https://elretornoalorigen.com/pro…/el-retorno-al-origen-1

📚 También disponible en Amazon:

https://a.co/d/0bXzBqHe

🌐 Descubre más artículos sobre conciencia, geometría, simbolismo y autoconocimiento en:

#ElRetornoAlOrigen#Pibonacci#Fibonacci#RobertEdwardGrant#GeometríaSagrada#Matemáticas#Conciencia#Patrones#Naturaleza#Autoconocimiento#Filosofía#fractals

Comparte tu aprecio

Newsletter Updates

Enter your email address below and subscribe to our newsletter

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *