Origen

HIJOS DE LA EXTREMA DERECHA
Tal vez este sea uno de los artículos más difíciles que vamos a escribir, porque no habla solamente de políticos, partidos o ideologías. Habla de nosotros.
Somos hijos de la extrema derecha porque muchos nacimos dentro de un sistema que convirtió la desigualdad en algo normal. Crecimos en clases medias y altas de Latinoamérica y aprendimos a disfrutar una vida cómoda sin preguntarnos suficientemente quién pagaba el verdadero precio de ese bienestar.
Nos acostumbramos a tener personas que limpian nuestras casas, cuidan a nuestros hijos, construyen nuestros edificios, cultivan nuestros alimentos y realizan los trabajos más pesados por salarios que apenas les permiten sobrevivir. Mientras nosotros progresábamos, otros humanos permanecían atrapados en la pobreza para que nuestro estilo de vida pudiera sostenerse.
Eso también es extrema derecha.
No necesariamente la filosofía que repetimos, el candidato por quien votamos o el partido al que pertenecemos. La verdadera ideología se revela en nuestro comportamiento: en la manera como pagamos, contratamos, consumimos, invertimos y tratamos a quienes tienen menos poder que nosotros.
Podemos hablar de amor, conciencia, espiritualidad e igualdad, pero si nuestro confort depende de explotar la necesidad de otra persona, seguimos participando en el mismo sistema que decimos rechazar.
La extrema derecha no vive solamente en los gobiernos. Vive en la idea de que algunas vidas valen más que otras. Vive cuando creemos que nuestro tiempo es más importante, que nuestra educación nos hace superiores o que la pobreza de los demás es simplemente consecuencia de sus malas decisiones.
También vive en nuestro silencio.
En no preguntar de dónde viene lo que compramos. En negociar hasta el último centavo con un trabajador pobre, mientras pagamos sin discutir precios excesivos a grandes corporaciones. En exigir lealtad, esfuerzo y excelencia a personas a quienes no ofrecemos estabilidad, respeto ni una vida digna.
Por eso somos sus hijos, incluso cuando creemos tener pensamientos progresistas. Porque fuimos educados dentro de sus estructuras, beneficiados por sus jerarquías y protegidos por sus desigualdades.
Reconocerlo no significa vivir con culpa. Significa despertar.
No escogimos el sistema en el que nacimos, pero sí podemos escoger si continuamos reproduciéndolo. Podemos transformar la forma como hacemos negocios, pagamos salarios, administramos propiedades, contratamos servicios y compartimos las oportunidades.
La verdadera revolución no comienza gritando contra la extrema derecha. Comienza cuando dejamos de comportarnos como sus hijos.
Porque no somos lo que decimos creer.
Somos la manera como tratamos a los humanos que tienen menos poder que nosotros.
Una invitación a explorar
Las ideas presentadas en este artículo combinan conceptos matemáticos con una reflexión filosófica sobre los patrones, la creación y la conciencia. Su propósito es invitar al lector a explorar nuevas perspectivas y formular sus propias preguntas.
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