La pérdida de la energía femenina: recuperar el equilibrio interior

¿Y si el problema no fuera que la mujer se volvió independiente, sino que confundimos independencia con desconexión?

Durante las últimas décadas, muchas mujeres han conquistado espacios que durante mucho tiempo les fueron negados.

Independencia económica.

Libertad para decidir.

Acceso a la educación.

Autonomía profesional.

Capacidad de elegir su propio camino.

Todo esto representa una transformación importante.

Por eso, cuestionar la llamada energía femenina no significa cuestionar la independencia de la mujer ni proponer un regreso al pasado.

La verdadera pregunta es otra:

¿Qué ocurre cuando para demostrar nuestra fuerza comenzamos a desconectarnos de una parte de nosotros mismos?

Desde una perspectiva simbólica, podemos hablar de dos grandes polaridades presentes en la experiencia humana: una asociada con la acción, la dirección, la conquista y la estructura; y otra relacionada con la recepción, la integración, la sensibilidad, la creación y la capacidad de contener.

No son cualidades exclusivas de hombres o mujeres.

Son polaridades que pueden existir dentro de todos nosotros.

El desequilibrio aparece cuando una intenta ocupar todo el espacio.


El problema no es la independencia

Ser independiente no significa estar aislado.

Podemos sostener nuestra propia vida y, al mismo tiempo, reconocer que necesitamos de otros.

Podemos tomar nuestras propias decisiones y permitirnos recibir.

Podemos ser fuertes y también vulnerables.

Podemos avanzar y también detenernos.

Podemos liderar y también escuchar.

El ser humano no existe completamente separado de los demás.

Vivimos en relación.

Aprendemos en relación.

Amamos en relación.

Creamos en relación.

Incluso nuestra identidad se construye, en buena medida, a través del encuentro con otros.

Por eso es importante distinguir entre independencia, interdependencia y codependencia.

La independencia dice:

«Puedo sostenerme.»

La codependencia puede decir:

«Necesito que tú me sostengas para sentir que existo.»

La interdependencia plantea algo diferente:

«Puedo sostenerme y, al mismo tiempo, puedo compartir mi vida contigo.»

No necesito ser una mitad para encontrarme con otra persona.


¿Dónde perdimos la capacidad de recibir?

Tal vez uno de los cambios más silenciosos de nuestra época ha sido aprender a valorar principalmente la capacidad de hacer.

Hacer.

Resolver.

Producir.

Competir.

Controlar.

Avanzar.

Conquistar.

Demostrar.

Estas cualidades pueden ser necesarias.

El problema aparece cuando se convierten en la única forma que conocemos para relacionarnos con la vida.

Entonces recibir puede parecernos debilidad.

Esperar puede parecernos pérdida de tiempo.

Escuchar puede parecernos pasividad.

Sentir puede parecernos una distracción.

Descansar puede generar culpa.

Pedir ayuda puede sentirse como fracaso.

Y poco a poco olvidamos otra forma de estar en el mundo:

recibir.


La energía femenina como símbolo

Cuando hablamos de energía femenina en este contexto, no estamos afirmando que exista una conducta obligatoria para todas las mujeres.

Estamos utilizando un lenguaje simbólico.

La polaridad femenina puede representar cualidades como:

  • recibir;
  • escuchar;
  • sentir;
  • integrar;
  • contener;
  • crear;
  • nutrir;
  • esperar;
  • percibir;
  • transformar.

Mientras que la polaridad masculina puede representar simbólicamente:

  • actuar;
  • decidir;
  • avanzar;
  • dirigir;
  • estructurar;
  • proteger;
  • conquistar;
  • manifestar;
  • establecer límites.

Ninguna de estas polaridades es superior.

Y ninguna pertenece exclusivamente a un sexo.

Una mujer puede desarrollar una gran capacidad de acción y un hombre una profunda capacidad de recepción.

Ambos necesitan integrar las dos dimensiones.

Porque una vida basada únicamente en la acción puede convertirse en agotamiento.

Y una vida basada únicamente en la recepción puede quedarse sin dirección.

El equilibrio está en permitir que ambas participen.


El exceso del triángulo

En reflexiones anteriores de El Retorno al Origen hemos utilizado el triángulo como símbolo de dirección, decisión, movimiento y manifestación.

El triángulo tiene una enorme fuerza.

Apunta.

Define.

Avanza.

Construye.

Pero cuando ocupa todo el espacio, puede convertirse en una forma permanente de tensión.

Todo tiene que resolverse.

Todo tiene que producir resultados.

Todo tiene que avanzar.

Todo tiene que tener un ganador.

Todo tiene que estar bajo control.

La vida comienza entonces a sentirse como una competencia permanente.

Y en esa dinámica podemos perder contacto con el círculo.


El círculo que dejamos de escuchar

El círculo, dentro de esta lectura simbólica, representa otra forma de relación.

El círculo recibe.

Contiene.

Integra.

Escucha.

Une.

Espera.

No necesita demostrar constantemente su fuerza porque su función no es conquistar el espacio.

Es crear espacio.

Tal vez por eso el círculo resulta una imagen poderosa para comprender aquello que podemos llamar energía femenina.

No porque las mujeres deban vivir dentro del círculo.

Sino porque todos necesitamos experimentar alguna vez esa capacidad de detenernos, recibir y permitir que algo se integre antes de actuar.

La pregunta no es:

«¿Debo ser más femenina?»

La pregunta puede ser:

«¿Qué parte de mi capacidad de recibir he dejado de escuchar?»


Cuando confundimos fuerza con dureza

Una de las mayores confusiones de nuestro tiempo consiste en creer que ser fuerte significa no necesitar a nadie.

Que ser fuerte significa no llorar.

No pedir ayuda.

No detenerse.

No mostrar vulnerabilidad.

No admitir miedo.

No cambiar de opinión.

No permitir que alguien nos cuide.

Pero la dureza no siempre es fortaleza.

A veces es una armadura.

Y una armadura puede protegernos durante un tiempo, pero también puede impedirnos sentir.

La verdadera fuerza puede incluir la capacidad de abrirse.

De recibir.

De confiar.

De escuchar.

De reconocer que no tenemos todas las respuestas.

Permitirnos recibir también puede ser una forma de fortaleza.


De las medias naranjas a los seres completos

Existe otra idea que puede generar desequilibrio en nuestras relaciones: la creencia de que necesitamos encontrar a alguien que nos complete.

Durante generaciones hemos escuchado historias sobre «la otra mitad».

La persona que viene a salvarnos.

El alma que completa nuestra existencia.

El amor sin el cual no podemos vivir.

Pero si creemos que somos una mitad, inevitablemente buscamos a alguien que posea aquello que creemos que nos falta.

Y entonces el amor puede transformarse en necesidad.

La relación puede convertirse en dependencia.

El miedo a perder al otro puede superar la libertad de compartir con él.

Quizá exista otra posibilidad.

No somos mitades buscando otra mitad.

Podemos ser seres completos que deciden encontrarse.


Dos seres completos pueden crear una conexión profunda

Cuando dos personas completas se encuentran, no necesitan desaparecer dentro del otro.

No necesitan renunciar a su identidad.

No necesitan controlar.

No necesitan poseer.

No necesitan convertirse en una sola persona.

Pueden permanecer siendo quienes son y, al mismo tiempo, crear una conexión profunda.

Desde esta perspectiva simbólica, las polaridades masculina y femenina pueden encontrarse sin necesidad de dominarse.

La acción encuentra la receptividad.

La dirección encuentra la integración.

La expresión encuentra la escucha.

La estructura encuentra la sensibilidad.

Y algo nuevo puede surgir del encuentro.


El ser humano como una antena

Podemos imaginar al ser humano como una antena.

Una antena necesita estar conectada.

Cuando sus partes funcionan de manera armónica, puede recibir y transmitir.

Algo parecido podemos imaginar simbólicamente en nuestra vida interior.

Cuando solamente actuamos, dejamos poco espacio para recibir.

Cuando solamente recibimos, podemos perder dirección.

Cuando solamente pensamos, podemos desconectarnos del sentir.

Cuando solamente sentimos, podemos perder claridad para actuar.

El equilibrio no consiste en eliminar una polaridad.

Consiste en integrarlas.

Entonces podemos avanzar sin dejar de escuchar.

Podemos actuar sin dejar de sentir.

Podemos decidir sin dejar de recibir.

Podemos ser independientes sin dejar de reconocer nuestra interdependencia.


La intimidad como encuentro de polaridades

La sexualidad puede ser una de las expresiones más intensas de este encuentro.

Pero reducirla exclusivamente al cuerpo puede dejar fuera una dimensión importante de la experiencia humana: la presencia.

Cuando existe intimidad consciente, dos personas pueden encontrarse no solamente desde el deseo, sino también desde la confianza, la vulnerabilidad, la escucha y la presencia.

Desde una lectura simbólica, masculino y femenino pueden formar un circuito.

No porque dos personas pierdan su identidad.

Sino porque durante el encuentro pueden experimentar una sensación de conexión que trasciende la separación habitual.

No necesitamos convertir esto en una afirmación sobrenatural.

Puede ser simplemente una imagen profunda de lo que ocurre cuando dos seres dejan de relacionarse desde la defensa y comienzan a encontrarse desde la presencia.


La unión no significa desaparecer

Aquí aparece una imagen poderosa:

dos gotas que caen juntas en el océano.

Al entrar en el océano, la gota no deja de haber existido.

Lo que desaparece es la separación.

De la misma manera, una relación profunda no tiene por qué destruir la individualidad.

Podemos permanecer completos y experimentar unidad.

Podemos conservar nuestra libertad y experimentar intimidad.

Podemos ser independientes y necesitar compañía.

Podemos tener límites y amar profundamente.

Podemos ser nosotros mismos y, al mismo tiempo, formar parte de algo mayor.


Recuperar la energía femenina no significa regresar al pasado

Tal vez sea importante hacer una distinción.

Recuperar la energía femenina no significa regresar a una época en la que las mujeres tenían menos opciones.

Tampoco significa pedirles que renuncien a su independencia.

Significa recuperar cualidades que cualquier ser humano puede necesitar:

la capacidad de recibir, escuchar, sentir, integrar, crear y permitir.

No se trata de abandonar el triángulo.

Se trata de recuperar el círculo.

No se trata de dejar de actuar.

Se trata de aprender cuándo actuar y cuándo recibir.

No se trata de dejar de ser fuertes.

Se trata de descubrir que la fuerza también puede ser flexible.


El verdadero equilibrio está dentro

Quizá el mayor error sea buscar el equilibrio exclusivamente en la relación con otra persona.

Esperar que alguien nos complete.

Esperar que alguien despierte nuestra energía.

Esperar que alguien nos dé aquello que creemos que nos falta.

Pero el verdadero trabajo comienza dentro.

Podemos preguntarnos:

¿Sé recibir?

¿Sé pedir ayuda?

¿Sé escuchar sin preparar una respuesta?

¿Sé detenerme?

¿Sé sentir sin juzgar inmediatamente lo que siento?

¿Sé actuar cuando es necesario?

¿Sé poner límites?

¿Sé avanzar sin atropellar?

¿Sé amar sin perderme en el otro?

Estas preguntas no pertenecen exclusivamente a hombres o mujeres.

Pertenecen al ser humano.


La integración de las polaridades

Quizá la energía femenina no se ha perdido completamente.

Quizá solamente ha quedado cubierta por años de exigencia, miedo, competencia y necesidad de demostrar.

Y quizá tampoco necesitamos destruir nuestra energía masculina para recuperarla.

Necesitamos integrarla.

El masculino puede dar dirección al femenino.

El femenino puede dar profundidad al masculino.

La acción necesita conciencia.

La receptividad necesita dirección.

La fuerza necesita sensibilidad.

La sensibilidad necesita límites.

El círculo necesita al triángulo.

Y el triángulo necesita al círculo.

No se trata de elegir uno.

Se trata de aprender a habitar ambos.


Regresar al origen

Tal vez regresar al origen no significa convertirnos en alguien diferente.

Tal vez significa recordar aquello que fuimos dejando atrás mientras aprendíamos a sobrevivir.

La capacidad de sentir.

La capacidad de escuchar.

La capacidad de recibir.

La capacidad de crear.

La capacidad de esperar.

La capacidad de permanecer presentes.

Quizá no hemos perdido nuestra energía femenina.

Quizá hemos olvidado cómo escucharla.

Y tal vez el camino de regreso comienza con una pregunta muy sencilla:

¿Cuánto espacio existe todavía en mí para recibir aquello que la vida quiere mostrarme?

Porque no todo en la vida necesita ser conquistado.

Algunas cosas necesitan ser escuchadas.

Algunas necesitan ser sentidas.

Algunas necesitan ser recibidas.

Y algunas, simplemente, necesitan tiempo para transformarse.

🌿 El viaje continúa.

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Quizá el equilibrio no consiste en elegir entre el masculino y el femenino.

Quizá consiste en recordar que ambos pueden habitar dentro de nosotros.

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